Volubilis -XX-

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Aitor se mostraba exultante. Una palmada sobre mi hombro impidió que me levantara a su llegada. Cogió con ambas manos la de Fatine y la besó largamente en señal clara de gratitud.

—Ya está todo cerrado —dijo atropelladamente mientras se sentaba—. Mañana iremos a Fez a firmar los contratos: uno de distribución en exclusiva para Marruecos y cinco países más, y otro de fabricación casi por la mitad de lo que me cuesta producir en Euskadi cada lata. La misma organización comprará unas cosas y nos fabricará otras. El pedido inicial de compra supera los cinco millones de euros. ¿Qué os parece?

—Que todo se desarrolla según lo previsto.

—Tienes toda la razón Fatine. Tu sutileza y tus consejos valen oro.

Ella quiso quitarle importancia; al fin y al cabo así funcionaban las cosas en su país.

—¿Han cerrado la parte del pastel que se queda sobre el mantel?

—Por supuesto. En cuanto realicen el pago, alguien vendrá hasta aquí de nuevo con un maletín lleno de billetes de 100 y 50€. Para eso, mi empresa te necesitará de nuevo —me dijo mirándome muy serio— y a la señorita también. Ambos sois parte del negocio.

—¿De cuánto estamos hablando?

—Casi medio millón, más tus honorarios que irán en el lote junto con los de ella.

Un brillo de ilusión afloró a los ojos de Fatine, y éste no le pasó desapercibido a Aitor.

—Aunque creo que por volver a veros lo haríais casi gratis. Pero por favor, es una broma. No quiero incomodaros.

Levantó su mano en señal de aprobación, para que el metre se acercase desde el ángulo del comedor desde el que esperaba con total discreción.

Por diferentes motivos pedimos con abundancia, y mientras llegaban los entrantes Aitor nos propuso.

—Me gustaría que fuésemos a comprar artesanía esta tarde. Quiero cosas muy finas. Vosotros podéis hacer lo mismo por favor, quisiera invitaros en señal de gratitud.

—No habrá problemas —dijo Fatine—, conozco las mejores tiendas y nos tratarán como a verdaderos sultanes. ¿Ha pensado en los presentes para las personas con las que hará los negocios?

—Confío en tu buen criterio para ello. Has sido un ángel en este viaje para mí.

Por algún motivo yo sentía lo mismo y ella lo adivinó al instante.

—Bien caballeros, la tarde será larga. Les aconsejo un buen café a los postres. Supongo que todas las firmas serán por la mañana, y quedarán selladas con una buena comida. Por la tarde les propongo descansar para reponer fuerzas. Al día siguiente, si les apetece, les llevaré a unos 80 km de Fez. Iremos a Mulay Idris que es una ciudad santa, y desde allí a la ciudad romana de Volubilis. Creo que el doctor en historia que nuestro guardaespaldas lleva en su interior, podrá contarnos muchas cosas de ella.

Juro que no recordaba haber hablado con ella jamás de mis estudios, y mucho menos de mi doctorado.

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