Última noche en Marrakech -XXII-

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En el mostrador de Ryanair, Aitor facturó su equipaje. Se volvió hacia nosotros con los brazos abiertos y me abrazó.

—Gracias amigo. Ha sido un placer recorrer este país en tu compañía y bajo tu protección. Te ingresaremos el resto de tus honorarios en la misma cuenta, si quieres. No olvides mandar la factura, o mi director financiero soñará contigo —dijo mientras palmeaba mi espalda y sonreía—. Fatine, querida Fatine. Reitero que has sido un Ángel en todo este periplo. Si nos facilitas una cuenta te ingresamos allí los tuyos. Si lo prefieres, lo incrementamos en la factura de seguridad y vosotros os organizáis las cantidades.

Ella extendió su mano despacio como pensando la respuesta, y Aitor inclinó su cabeza y la besó ceremonioso. Sin dejar que ella respondiera preguntó a bocajarro:

—¿18.000 euros te parecen suficiente?

Aquella cantidad era lo que ganaba un maestro marroquí en diez años. Con todo, Fatine no cambió su gesto y con una sonrisa amable respondió delicadamente.

—Muchas gracias Aitor. Le deseo que tenga buen vuelo.

En el BMW de vuelta a Marrakech sonaba Sacrifice de Elton John. Fatine, con la cara vuelta hacia la ventanilla, trataba de ocultarme su tristeza pero, he aprendido a diferenciar en las mujeres cuando te dan sólo pasión de aquellas veces en las que te dan algo más, de mucho mayor valor, y que viene de muy adentro. Entonces me preguntó.

—¿Hasta cuándo te quedarás?

Mentí en mi respuesta por no lastimar su corazón generoso.

—No tengo ni prisa, ni motivo que me devuelva a España antes o después. ¿Quieres que me quede unos días contigo?

—Déjame pensarlo. Cuando lleguemos a Marrakech te respondo.

—Aitor ha sido muy generoso y tú muy elegante al no responder.

—Ha sido un tiempo maravilloso. Ha adivinado del todo que haber pasado contigo estos días habría sido suficiente pago. No es eso exactamente lo que ha dicho, ya lo sé. Ha dicho que volverías gratis a traer el dinero en B. Es casi lo mismo en el fondo. ¿Volverías gratis?

A vivir armonía, pasión y dulzura cualquiera volvería, sin embargo sabía que el sentido de mi respuesta sería doloroso para ella de cualquier forma.

—Fatine… mi dulce Fatine. Para mí también han sido unos días maravillosos. Volveré a traer el dinero. Ya sabes que para esa entrega Aitor te quiere dentro. Ahí habrá otro pellizco bueno para ti. Me atrevería a anticipar que no menos de 30.000. Será peligroso. He pensado que no tienes porqué intervenir. Te daré tu parte sin duda, pero no quiero ponerte en riesgo.

—Oye policía.

—Expolicía —protesté.

—Ya soy mayorcita para decidir en qué me meto. Estarás mucho más seguro conmigo. Sé cómo y por dónde moverme en este país con seguridad como nadie. Iré a España a por mis honorarios de esta vez y a por los de la siguiente, y quiero abrir una cuenta en Gibraltar y dejarlos allí. En España y en el peñón necesitaré que me protejas. Otra cosa: quédate al menos esta noche. Nos la debes.

Creí entender a qué se estaba refiriendo.

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