(t3) Arco de seguridad -X-

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Brunella acababa de asumir a la perfección el papel de perdedora, al menos en este round. Subió a ducharse del olor a noche y a despachos judiciales, y al poco bajo con el albornoz estratégicamente entreabierto, mostrando tal vez una opción futura. Adoro la tenacidad y, esta mujer sin duda lo era. Con una sonrisa franca nos miró a Fatine y a mí que, sentados en el sofá, comentábamos acerca de la solución de Malak, y sobre la crueldad de que además de ser violada, de aquello resultase un embarazo, el ser o no ser de un embrión fruto de una agresión sexual repetida. Su teléfono sonó, y lo atendió en un italiano muy suelto. Sin duda era una llamada profesional y al colgar nos confirmó, que ser policía con responsabilidades en Roma, era una forma de vivir sin tener vida. En realidad es igual en cualquier parte del mundo, por supuesto en Sevilla no lo fue menos para mí. Reconozco que la excedencia me ha traído tranquilidad, y sobretodo, libertad.

—Tengo que volver a marcharme. En la entrada están colgadas las llaves de un FIAT 500X gris metalizado. Lo encontraréis aparcado en la esquina de la calle. No hace falta que os explique cómo funciona. Luego si os apetece comemos juntos.

Al poco bajó enfundada en  unos vaqueros negros, calzando unas Nike también negras con la marca en blanco y una camisa de hilo blanca y suelta, sobre la que su pelo mojado, dejaba una sombra húmeda que describía una comba de hombro a hombro. Besó mis labios a modo de despedida más que por marcar territorio, y abrazó y besó a Fatine con sinceridad.

Cuando se cerró la puerta tras sus pasos Fatine aseguró.

—No me extraña que la tengas enamorada también a ella. Tipos como tú no abundan.

—Me vas a ruborizar, y no lo tengo por costumbre. ¿Qué quieres que hagamos? ¿Necesitas ropa del hotel?

—No estaría mal. Creo que debemos ir al hospital a resolver lo de mi ingreso, y al hotel a por las cosas. Voy a llamar a Malak para irme a España con ella. Tú nos decías en broma que éramos las hermanas marroquíes en el barco, y aunque no lo creas, se ha creado entre nosotras un vínculo que, en estos casos se vuelve más fuerte. Siento que ahora donde debo estar es a su lado.

—De acuerdo. Habla con ella para ver qué le parece. Entre tanto yo lo haré con Diana. Por la estancia no habrá problema, tanto en casa de Diana como en la mía hay mucho sitio. Malak necesitará ahora sentirse especialmente arropada, y tú eres algodón dulce para eso.

—Ahora eres tú el que me vas a ruborizar a mí. Anda, hagamos esas llamadas.

Introduje la dirección del INI en el navegador del FIAT de Brunella y arrancamos en dirección al hospital, en un coche limpio hasta la pulcritud, y oliendo a ambientador de manzana.

—¿Qué le ha parecido a Malak la idea?

—Muy bien. Lo agradece muchísimo: tanto tu hospitalidad y la de Diana, como mi compañía. Está muy afectada. ¿Y a ti Diana, qué te ha dicho?

—Que se pone a nuestra disposición. Parece ser que tiene a una amiga en un problema –hice el gesto de las comillas en el aire— bastante parecido.

—¿También una violación?

—No exactamente, pero con resultado final de clínica. Dice que estas cosas, o no pasan en la vida, o vienen todas juntas.

Tras una nueva revisión del Dr. Andreotti, jefe de Neurología aquella mañana y con instrucciones precisas de la gerente del hospital, gestionamos el tema del seguro de viaje que cubriría todos los gastos médicos del asunto, y con el alta definitiva en la mano y un vendaje mucho menos aparatoso en su cabeza, abandonamos aquellas instalaciones rumbo al hotel de Fatine, Gran Hotel Cicerone en la vía del mismo nombre.

El Cicerone tiene un par de plantas dedicadas a los viajes de estudiantes. Casi en cualquier época del año es normal encontrarse allí con miríadas de chavales fascinados. Mientras entrábamos al edificio, salía un numeroso grupo de ellos que, bulliciosos, se iban arremolinando en la puerta para comenzar algún periplo. Por fin alcanzamos la recepción y Fatine pidió que fuesen preparando su cuenta. Había cerrado vuelo destino Málaga a las 21 horas desde el coche a través del móvil. Era algo en lo que había demostrado tener experiencia.

De su hotel fuimos hasta el mío. Yo también necesitaba darme una ducha y ponerme otra ropa, luego iríamos a buscar a Brunella. Íbamos a comer con ella tal y como acordamos en su casa de Ostia, y por la tarde, y antes de llevar al aeropuerto a Fatine, tendríamos que pasar a que la denuncia del intento de atraco con agresión quedase firmada.

A las 19,45 nos despedíamos de ella junto al filtro del Aeropuerto de Fiuminicino.

Fatine abrazó a Brunella con la misma sinceridad y el mismo cariño con el que ésta lo hiciera con ella por la mañana.

—Te agradezco mucho lo que has hecho por mí. Creo que compartimos principios y buen corazón. Tendrás en mí una amiga sincera cada vez que me necesites. Compartimos alguna cosa más y de las muy valiosas.

Fatine me estampó un beso en los morros pletórico, no para afirmar propiedades frente a Brunella, sino porque mi nombre ocupaba su corazón por entero.

—Gracias a los dos, ya me voy. Sé que tenéis pendiente algo que con mi incidente no ha sido resuelto y, hay dimensiones que solamente se pueden calcular sobre el terreno para estar bien seguros.

Ambos quedamos perplejos ante tanta generosidad franca. Tras pasar el arco de seguridad, Fatiné se volvió y nos dijo adiós con la mano desde lejos.

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