(t2) Una gran familia feliz -XXX-

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Es de ser civilizadas mantener una buena relación con aquellas personas que no te agradan, o incluso con las que aun agradándote, no procede que hubiera que mantener relación alguna. Cuando una se separa, ¿debe tratar a su ex como si fuera un amigo? ¿No basta simplemente con una cordialidad sosegada que permita tener encuentros sociales cómodos? ¿Somos nosotras más brujas por querer desvincularnos de una relación estrecha con el que una vez fue nuestro marido? ¿Por qué ellos se empeñan en meternos por los ojos a su nueva pareja? ¿Es que necesitan nuestra aprobación? Y una vez que la tienen, ¿siempre tienen que pedir más? ¿Es que esperan que su nueva novia se convierta en nuestra nueva mejor amiga? ¿Qué necesidad hay de tanto vínculo? ¿Confunden ellos nuestra renuencia con restos de sentimientos por ellos?

El domingo a las doce y media sonó mi teléfono. Me levanté de la cama enredándome entre las sábanas revueltas y tomando prestada la camiseta interior de Coque para no coger frío. Llegué a tiempo de descolgar. Era exmarido. Quería invitarme a almorzar con los niños y Maripossa. Me excusé en voz baja diciéndole que ya tenía planes pero insistió. “Tráetelo, si quieres. En algún momento, tendré que conocerlo”. No sé qué me molestó más, si esa tozudez en hacer pandilla con Maripossa o que diera por sentado que yo salía con alguien. ¿Qué diablos pasaba aquí? El hecho es que decliné la oferta de almuerzo pero me comprometí a unirme para un café sobre media tarde.

Cuando volví a la cama, me abracé a la espalda de Coque, que seguía durmiendo. Al notar mi contacto, se giró y me abrazó, todavía con los ojos cerrados. Hundí mi cabeza en su pecho, y por primera vez desde que había empezado esta historia, disfruté con ese momento de ternura.

Sobre las tres de la tarde, salí de la cama, me dolía ya tanto la espalda que no podía permanecer tumbada por más tiempo. Me di una ducha y me puse a preparar algo para comer. Coque se presentó poco después en la cocina, me abrazó por detrás con toda su anatomía al descubierto, y me dijo, “tengo que irme, no quiero que tus hijos vuelvan y me encuentren aquí”.

—No, no te preocupes. He quedado con su padre en una cafetería cercana para tomar un café con él y con su novia.

Coque frunció el ceño. Claramente le sorprendía tanto como a mí esta relación tan bien avenida.

—Quédate a comer algo conmigo y luego te vas —le propuse.

—De acuerdo, voy a darme una ducha.

Y al verlo dirigirse al cuarto de baño con su precioso trasero al aire, se me colocó una sonrisa boba en la cara que me hizo saltar las alertas de “Iniciando modo olvidar a Eme”.

Dos horas después, Coque y yo nos despedíamos en el portal de mi casa y yo emprendía el camino hacia mi cita con mi ex y su joven novia. Los encontré en la cafetería acordada. Exmarido, tremendamente acaramelado, hundía la cabeza en el cuello de ella mientras mis hijos correteaban por el parque infantil cercano. Cuando me vieron, salieron corriendo a mi encuentro y yo me deshice en besos y abrazos hacia mis dos pequeños soles. Nos sentamos a la mesa y pedimos la merienda. Después de cinco minutos de charla intrascendente y una vez que los niños terminaron sus batidos y sus trozos de tarta, nos quedamos a solas los adultos, momento que aproveché para preguntar:

—Bien, vosotros diréis, ¿qué pasa?

Entonces observé cómo se miraban y la sonrisa boba que se instalaba en la cara de ambos y me temí lo peor. Pedro tomó a la joven de la mano y me miró exultante.

—Maripossa está embarazada.

Bombazo. Si no llego a estar sentada me habría caído de espaldas, con toda seguridad. Me quedé helada, no pude reaccionar y los segundos pasaban con ellos dos sentados frente a mí, esperando mi reacción.

—Vaya… qué notición… —acerté a pronunciar, mientras ella ampliaba su sonrisa de oreja a oreja y me explicaba.

—La verdad es que ha sido una sorpresa, no lo esperábamos tan pronto.

O sea, que lo estaban buscando. No salía de mi asombro. ¿Exmarido iba a ser papá de nuevo? ¿Mis hijos iban a tener un hermanito?

—Ah, pues, supongo que me alegro por vosotros —concluí al fin.

Ellos seguían felices, ajenos al hecho de que lo estaban anunciando a la madre de los hijos del reincidente papá. ¿Qué se suponía que esperaban de mí?

—Estamos muy contentos —habló Pedro—, Maripossa tenía muchas ganas de ser madre, pero no imaginábamos que sería tan rápido.

La miraba con ojos de enamorado, no recuerdo si a mí me miraba igual cuando supimos que esperábamos a nuestros hijos, pero se les veía felices. Mi  cabeza empezó de repente a proyectarse hacia el futuro, a sopesar cómo afectaría eso a la vida de mis dos hijos y quise saber si ellos ya lo sabían.

—Oh sí —respondió ella—, están encantados con la noticia, deseando que llegue el bebé.

De repente, yo  me sentí vieja, como de vuelta en el viaje de la vida. Adoraba a mis hijos, pero con más de cuarenta años, imaginarme con un bebé de nuevo entre mis brazos sólo me provocaba ardor de estómago. Intenté ser agradable y mostrarme entusiasmada, pero no sé si lo conseguí cuando pregunté:

—Bueno y, ¿para cuándo lo esperas?

—Llegará a finales de diciembre, si todo va bien.

Nueva sonrisa falsa.

—Qué bien, cuánto me alegro.

Intenté sonreír y ofrecerme para lo que necesitaran, pero sólo me salió un “te cambiará la vida” que me temo no sonó muy optimista. Ya estaba pensando en despedirme y levantarme de aquella mesa cuando exmarido añadió:

—Aún hay otra cosita, Salomé.

“¿Aún más?”, pensé.

—Maripossa y yo hemos decidido casarnos.

Supongo que mi expresión debió de resultarles cómica. Mi boca ofrecía una sonrisa pero mi mirada les decía “¿pero vosotros dos habéis perdido la cabeza?”.

—Vaya… cuántas novedades —busqué en mi bolso un cigarrillo y lo encendí.

Maripossa agitó su delicada mano delante de su cara, espantando el humo y yo me excusé retirando la silla hacia atrás. Olvidé que aquella pequeña naturalista vegetariana tenía una criatura en su interior. Yo debía de parecerle la mismísima perdición en persona.

—Pues, no sé qué decir… enhorabuena, de nuevo.

No podía dejar de alucinar. ¿En serio mi exmarido iba a volver a casarse? ¿Otro hijo? No había aprendido nada de nuestra separación? ¿Era eso lo que realmente quería? ¿Ya tenía claro que Maripossa era la mujer de su vida? Me sorprendía la rapidez con la que una persona era capaz de comprometerse con alguien a ese nivel después de una separación. ¿Misma vida, mujer diferente?

—En realidad —empezó a decir Pedro—, habíamos pensado pedirte ayuda con la organización de la boda. Tú eres excelente organizando eventos, y tienes muchísimos contactos. Estamos buscando un sitio con encanto al aire libre, una boda por lo civil, con nuestros amigos más íntimos y la familia, por supuesto, contamos con que acudas, y nos gustaría que los niños nos llevaran los anillos.

Me entraron ganas de vomitar. De repente, me vi a mí misma rodeada por la familia de exmarido, mis cuñadas, mi suegra, ¿qué se suponía que pintaba yo en todo ese circo?

—Pues, no sé, tendría que pensarlo…

—Oh, por favor, Salomé, no puedes decir que no —me suplicó Maripossa—. Nos hace mucha ilusión que estés allí.

Pero a estos dos, ¿qué mosca les había picado? ¿No era suficiente con rehacer sus vidas y ser felices? ¿Por qué tenían que implicarme a mí? ¿O era acaso lo normal en estos casos actuar como si todos fuéramos una gran familia feliz? Y después de la boda, ¿pretenderían que quisiera también al bebé como un hijo más, o como mínimo, como un sobrinito postizo?

Les repetí “prometo pensarlo” y me despedí, llamando a mis hijos. Con ellos de la mano hacia casa, caminando segura sobre mis zapatos de tacón, notaba como si todo mi universo empezara a ser absorbido por un agujero negro poderoso: mi ruptura con Eme, su distancia, mi nueva relación con Coque y su enamoramiento apasionado que me exigía estar a la altura, y ahora esto, boda y bebé a la vista. Noté que la cabeza me daba vueltas y apreté el paso hasta llegar al piso. En cuanto entré, hice uso por primera vez de mi nuevo móvil y puse a las chicas en el Whatsapp:

“S.O.S. nivel Defcon 1. Os necesito”

Sorprendentemente, la primera que respondió fue Diana.

“De camino a Sevilla. Organiza cena para mañana en tu casa”.

Vaya, al fin había salido de su escondite la cazadora. ¿De dónde diablos volvía?

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