(t2) Infierno frente al mar -XIII-

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Salimos de la R.610 buscando la única estación de servicio que había en Taourath. A su espalda había un pequeño hostal, que bien podría haberse confundido con una casa del pueblo, salvo que, el trasiego de parejas era casi constante. Tras apartarse un momento y hablar en voz baja con una recepcionista vieja y de uñas pintadas de rojo desconchado, vi como sacaba dinero de su bolso para pagar, y a la vieja entregarle un juego de sábanas dobladas con poco esmero.

—Ya está, sultán. Pasaremos de momento aquí la noche. Le he dicho que eres mi cliente y con eso, no necesita documentación alguna. El oficio más antiguo del mundo sigue siendo clandestino.

Permanecí en un silencio incómodo. Mi primer impulso fue de tristeza, no lo negaré, pero mientras salíamos al coche a por el equipaje, mi compañera enseguida disipó las malas sensaciones que me acompañaban.

—Nadie sabe que estamos aquí. El sitio es muy discreto y, salvo la bolsa de Adidas, que creo está más segura con nosotros en el coche, creo que tendrás que ascenderme a ayudante de policía en cualquier momento. Noto en tu mirada lo que estás pensando, y en el fondo me halaga, lo reconozco, pero seamos profesionales. Si he sido capaz de pasar por tu esposa guiri en topless cruzando al Peñón, ¿qué puede importar que pase ahora por puta? Te propongo algo. Vamos a cenar a McDonald´s en Nador. Hay uno en el Boulevard junto a la playa, en el que seguro que no vamos a llamar la atención de nadie. Allí esperaremos la llamada de Jaime.

A todas luces, su plan era perfecto. Subimos al cuarto el equipaje, y tras una breve inspección: un camastro con las mantas dobladas sobre el colchón, y un cordel de pared a pared, con cinco perchas colgadas. El trasiego de las habitaciones colindantes durante la noche, justificaría sobradamente el que no hubiera nada más. Al fondo del pasillo, un servicio azul cielo de pintura plástica despellejada, un lavabo, una placa turca en el suelo y sobre ella, un grifo caño de un solo agua para las duchas, evidentemente fría. Esta era la cara más sórdida del turismo mochilero.

Salimos de McDonald´s con nuestra bolsa de fast food y aparcamos frente a la playa para cenar. Ya eran más de las diez y media, y me sorprendía el retraso de la llamada de Jaime.

—¿Siempre llevas la pistola encima? —preguntó Fatine a bocajarro.

—Siempre que es necesario sí. Esta mañana te dije que estábamos en peligro y que no podíamos demorarnos mucho, ¿lo recuerdas?

—Sobre todo en su parte final —respondió entre carcajadas. Sin duda y por pura diversión, estaba dispuesta a seguir en el papel que había suplantado un rato antes en Taourath.

—¿Hace mucho que no follas en un coche?

Su gesto era inequívoco, y ya me anticipaba la respuesta a la segunda pregunta que me formulé por el camino  desde Tánger. No tuve tiempo de responder. Mi móvil se encendió mostrando el mismo número de la llamada anterior de Jaime.

—Buenas noches compañero.

—Buenas comisario. Perdón por el pequeño retraso.

—Una cosa. La siguiente llamada la haces desde otra cabina por favor. Cada vez desde una diferente. Y ahora explícame.

—¿Por qué sabe usted que es la misma?… Bueno, es igual. Le cuento. Esta gente me han estado pagando cada mes cuando han pasado por aquí con un par de kilos o tres. Ya sé que la he cagado bien, y que eso tiene cárcel comisario, pero escúcheme por favor. Un día me preguntaron si conocía a alguien que pudiera guardar un paquete en Marruecos durante unos días, que lo pagarían muy bien. Mi hermana tiene una economía precaria y les propuse que ella hiciera el trabajo. En ese momento caí en su trampa y en vez de dejarle un paquete en depósito, el paquete me lo metieron a mí. Está retenida en un polígono en Nador, no sé en cual. Creo que tienen una empresa náutica. Lo sé porque un día comentaron algo delante de mí en francés, creyendo que yo no les entendía. Creo que son del clan de Alí. Cuando pasen con la furgoneta, yo estaré en el desembarque de los vehículos, y tendida en el suelo entre los asientos vendrá mi hermana.  Una vez la furgoneta aquí, en el Puerto de Algeciras, han prometido soltarla.

—¿Cómo se llama tu hermana?

—Malak comisario. Es un ángel y no merece sufrir.

—Y trataremos que eso no ocurra. Cada noche a esta hora vuelve a contactar, y recuerda hacerlo desde diferentes cabinas. Hasta mañana Jaime.

Colgué el teléfono y Fatine me miró maliciosa.

—En efecto Malak significa ángel en árabe, seguro que será una buena chica. Ahora déjame que me convierta en la antiMalak, o en tu diablesa favorita, y pasa conmigo al asiento de atrás.

El rumor lejano de las olas frente a nosotros, fue testigo del fuego de aquel infierno de placer. Al día siguiente comenzaría para nosotros otro bien distinto.

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