(t2) El trago más liviano -XXXVI-

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Cuando una ya ha aceptado que tiene que aceptar el mal menor de una situación, sólo le queda vivir con dignidad ese algo al que te has comprometido sin ganas. Si una es invitada a la boda de su exmarido con la chica con la que te engañó, y una accede por el bien de los hijos y de la nueva familia común que se está formando, lo único que puede hacer el trago más liviano es ir acompañada por la persona correcta. Pero, ¿qué ocurre cuando esa persona no es quien socialmente se supone que tendría que ser? ¿Qué ocurre cuando tienes que decirle NO a alguien que está esperando ser escogido? ¿Puede un hombre sentirse amenazado ante la falta de decisión de una mujer? ¿Debería una mentir piadosamente para evitar que su pareja se obsesione con el hecho de figurar oficialmente como el novio de..:? ¿Por qué es tan importante el reconocimiento social?

Con Coque fuera de juego por mi desafortunado comentario sobre lo ocasional de nuestra relación, el lunes por la mañana le confirmé a exmarido que acudiría sola a su enlace. Él se opuso soberanamente e insistió en que le dijera a una de las chicas que fuera mi acompañante, para que así no se me hiciera tan incómodo. Ésas fueron sus palabras, “para que no te resulte tan incómodo”, me dijo. Y yo me preguntaba, si él pensaba que me iba a sentir así, ¿por qué había insistido tanto en invitarme? Me surgió la duda de si exmarido tenía claro cuáles eran mis sentimientos hacia él. Ciñéndonos al hecho de que visto desde fuera podría parecer obligado que yo tuviera que albergar una buena dosis de maldad venenosa hacia Maripossa por haber dinamitado mi matrimonio y estar a punto de convertirse en su nueva esposa y futura nueva madre de sus hijos, lo cierto era que nada distaba más de la realidad. Y que, si bien era cierto que yo había evitado cualquier tipo de familiaridad adicional con ambos desde el principio, esto no se debía al hecho de que su relación me molestara o me causara ningún tipo de dolor. Era solamente una muestra de sentido común, una supresión de relaciones innecesarias, ficticias y antinaturales, que pudieran ir más allá de la cordialidad necesaria para tomar un café juntos.

Dudé entre cuál de mis amigas debía acompañarme a la boda. Mariluz ciertamente no estaba atravesando por su mejor momento, y entre Emi y Diana tuve claro que quien debía acompañarme a aquel esperpento valleinclanesco tenía que ser Di. Ella me conocía desde que éramos dos jovencitas, conocía a la familia de exmarido de parte a parte, la forma de ser de cada uno de ellos, sus debilidades, la manera que cada cual tenía de escupir su veneno particular. Habíamos vivido mil anécdotas juntas relacionadas con la familia de Pedro y la verdad es que tenerla cerca ese día lo haría mucho más llevadero.

La invité a cenar a casa para hacerle la propuesta y una vez que hubimos terminado y los niños se fueron a dormir, nos sentamos a fumarnos un cigarrillo en mi balcón. Desde la anécdota de los bomberos no podía evitar quitarme una zapatilla y dejarla en el marco de la puerta. Puse los pies sobre la mesa y le di la primera calada a mi cigarrillo. Diana hizo lo propio y antes de que pudiera empezar a hablar me dijo:

—¿Qué te ronda, amiga?

La miré sorprendida de que hubiera detectado que había algo que quería decirle.

—A veces me das miedo.

Ella se encogió de hombros sin acusar demasiada sorpresa.

—Nos conocemos desde hace demasiado, querida mía. ¿Qué te preocupa?

Decidí no andarme por las ramas. En el fondo, sabía que su respuesta sería un sí rotundo.

—Exmarido ha insistido en que vaya a su boda con alguien de acompañante.

Diana me miraba sin pronunciar palabra y yo le devolví por toda respuesta un movimiento encogiendo los hombros y un leve giro de cabeza hacia ella.

—¿Yo? ¿Y qué pasa con Coque?

Torcí un poco el gesto y le conté la anécdota del “novio ocasional” que a la víbora de mi amiga le pareció de lo más divertida.

—Así que te has quedado sin acompañante y sin novio.

—Bueno —respondí—, supongo que será un enfado sin más. Tampoco ha sido para tanto. Pero si te digo la verdad, a mí no me quita el sueño. Ni siquiera lo he llamado. No me apetece estar dando explicaciones. Ciertamente fue un comentario inapropiado, pero es que no me arrepiento de lo que dije.

—Te entiendo.

—No tenemos una relación tan seria como para andar besuqueándonos delante de mi exsuegra y mis excuñadas. No me parece, la verdad.

—A ti no te queda ni medio telediario con Coque, amiga. Está claro que no ha pasado por tu cabeza darle un poco de visibilidad a lo vuestro. Lo haces con nosotras porque somos tus amigas, pero para presentar a alguien en sociedad hace falta mucha convicción, y eso es precisamente de lo que tú careces.

La miré un poco triste. Me apenaba darme cuenta de que aquella relación mía no iba a avanzar a ninguna parte.

—¿Qué coño me pasa, amiga? Tengo un hombre fabuloso que está loco por mí y soy incapaz de comprometerme a nada más.

—Bueno, sólo porque el hombre sea bueno y fabuloso no quiere decir que tenga que funcionar. Entonces, todos los hombres buenos del mundo estarían emparejados. Es una cuestión física. No hay química, no te levantas con el estómago lleno de mariposas.

—No, para nada —me molestó incluso que lo sugiriese—. Nunca hubo mariposas con Coque. Ni siquiera una luciérnaga. Por no haber, no ha habido ni una mosca.

Nos echamos a reír.

Después de dos horas de charla en la que dimos repaso a toda la familia de exmarido, las novedades, enfermedades, cambios de trabajos, nuevos miembros y nuevos cotilleos, por fin nos sentimos preparadas para acudir juntas a aquel despropósito de evento. Justo en la puerta, Diana me dio dos besos y un abrazo y se despidió de mi tirándome un beso desde el ascensor y diciéndome:

—Tú pásame la fecha y a qué hora vengo a por ti.

Con una claridad cristalina, supe que había acertado en ofrecerle a Diana el papel de acompañante al infierno. Un trago incómodo, acompañada por tu mejor amiga, siempre sabría mejor.

2 Comentarios

  1. Laura Frost says:

    Las amigas, ese gran regalo que hace el Universo. Bien llevado, querida.

    1. Raquel Tello says:

      Sin las amigas la vida sería un camino mucho más arduo… Amigas de las de verdad, claro.

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