(t2) El día después -XIX-

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Para una mujer, son importantes los detalles. Igual que nos gusta que nos cedan el paso al abrirnos una puerta, o que paguen ellos el café que hemos accedido a tomarnos, también esperamos un pequeño mensaje el día después de nuestra noche de amor. No hace falta que sea una nueva cita, un simple “buenos días” o “espero que estés bien”, bastan. Pero el silencio absoluto nos descoloca. Aunque sepamos que lo que tuvimos fue sólo sexo, no podemos evitar aguardar ese pequeño gesto romántico, esa muestra infinitesimal de atención que nos haga sentir de alguna forma no únicas ni especiales, pero sí bonitas y achuchables. ¿Por qué seguimos esperando sus mensajes el día después? ¿Por qué necesitamos saber que al menos durante una fracción de segundo han pensando en nosotras? ¿Por qué no podemos simplemente, continuar con nuestras vidas sin esperar nada más? Si un tío no nos llama, ¿afecta a nuestra autoestima?

Había decidido renovar el surtido de ropa interior de mis peques y llegué a casa cargada de calzoncillos, calcetines, camisetas interiores y pijamas. Me metí en su habitación, saqué toda la ropa de los cajones y me dispuse a poner orden en aquella leonera, tirando lo más viejo y reciclando lo aún aprovechable cuando sonó el porterillo. Ignacio gritó desde la puerta: “¡Mamá, es la tita Emi!”. Uff, me cogía en mal momento, tenía la habitación patas arriba y debía terminar antes de que se hiciera de noche.

Emi entró en casa, saludó a los peques y entró en la habitación  buscándome.

—Dios, qué pereza me da lo que estás haciendo —me dijo dándome un beso, y acercándose una silla del salón para sentarse mientras yo seguía con lo mío.

—¿Quieres tomar algo? —le ofrecí.

—No —me respondió sacando su móvil del bolso y mostrándomelo—. Ni un mensaje, no me ha escrito. Nada. Desde aquel día.

Me quedé un poco descolocada. ¿A qué se refería?

—¿Hablas de Tinderboy?

—Pues claro, ¿de quién voy a hablar? —continuó—. ¿No te parece raro? Antes de ir a Badajoz, hablábamos continuamente, a todas horas, no sólo de sexo, de todo. Y ya, de repente, ¿se acabó? Pero, ¿qué cojones les pasa a los tíos?

Suspiré, mientras seguía doblando camisetas.

—A ver, nena. Debes asumir que fuiste solamente un polvo.

—Claro que lo asumo, a ver si te crees que quiero casarme con él —Emi estaba acelerada—, pero entonces, ¿por qué me hablaba como si fuéramos a ser amigos, y ahora nada? ¿Por qué no me dijo directamente “yo sólo quiero follarte”?

—Shhh —le pedí que hablara más flojito por los niños—. Pues no sé, pensaría que si hubiera hecho eso, no lo habría conseguido.

—Joder. Y ahora, me meto en whatsapp sólo para ver si está en línea. ¡Es como de psicópatas!

—A lo mejor está liado.

—¿Qué va a estar liado? A veces, he estado releyendo nuestro chat y de repente se ha puesto en línea. Me da un subidón que parece que me pudiera estar viendo, y me salgo corriendo, vaya a ser que me escriba y directamente le salga el doble click azul, porque entonces iba a saber que estaba leyendo nuestro chat. Pero nada, pasan los minutos, vuelvo a entrar, y ya se ha desconectado sin decir siquiera los buenos días. ¡Es que ni me lo creo! Es humillante.

Me eché a reír.

—¿Será que no le gusté, Salo? —la confianza de Emi en sí misma empezaba a resquebrajarse.

—No digas tonterías.

—Podría ser. He metido algunos kilitos y me han salido más arrugas alrededor de los ojos.

—Pero vamos a ver, corazón. Hace unos días estabas genial y porque un tío no te escribe un simple buenos días ya te sientes fea o poco valiosa? ¡No puedes dejar que eso ocurra!

—Puede que no le gustara en la cama.

—Bueno, eso no lo podemos saber. ¿Cómo sabe una si es buena en la cama?

—Pues preguntándole a ellos, lógicamente.

—Mmm, no. Desde luego no a tu pareja actual. Habría que preguntarle a los ex, que ya no se juegan nada. Los actuales se acojonarían sólo con la pregunta. ¿Crees que ellos nos ponen nota?

—¿Y por qué no? Nosotras se la ponemos a ellos.

—¿Te gustaría saber tu nota? —le pregunté.

—¡Claro! ¿A ti no?

—Pues en realidad, no lo sé. Porque la nota es algo muy subjetivo, es decir, a un tío puede que no le gustara nada, pero a otro puede que lo volviera loco. Cada uno tiene sus gustos en la cama.

—Todos los tíos buscan lo mismo, Salo. Que le hagas una buena mamada y luego dejes que te ponga mirando para Cuenca.

—Mira que eres  burra. No, he conocido tíos que lo que les gusta es que te quedes quietecita mientras ellos trabajan, en plan estrellita de mar,  y otros que necesitan cambiar de postura cada dos minutos. Unos que quieren llevar las riendas y otros que se vuelven loco si las llevas tú. Por eso digo, que quizás saber tu propia nota en la primera noche, cuando aún no has tenido tiempo de conocer al tipo ni sus gustos, puede ser un poco arriesgado.

Mi amiga se quedó pensativa. Pero parecía que había dado el tema por zanjado.

—¿Cuándo has quedado con Coque?

—Mañana —le dije sonriendo.

—¿Estás nerviosa?

—Un poco. Pero me apetece.

—Claro que sí. Disfruta lo que puedas, te lo mereces.

Me dio un beso y salió por la puerta con el mismo ímpetu con el que entró. La escuché despedirse de los peques y cerrar detrás de sí como un vendaval.

Y yo continué doblando camisetas, apartando las viejas, y dándoles a las nuevas su nuevo sitio en el cajón.

2 Comentarios

  1. Mari Carmen says:

    Me encanta!
    Debes asumir que solo fuiste un polvo 😂😂😂😂

    1. Raquel Tello says:

      Ainssss, es que a algunas tenemos el síndrome de “hola, ¿te quieres casar conmigo?”

      Contra eso no se puede luchar, Mari Carmen!!

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