(t2) El ático del Benabola -XXI-

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Desde primera hora de la mañana, todos los informativos repetían machaconamente que un gran alijo de hachís superior a una tonelada en paquetes de 30 kg cada uno, había sido intervenido en el puerto de Málaga. Al parecer se había detenido en la operación el clan de un conocido narcotraficante marroquí, con conexiones en Marbella, Madrid y Ámsterdam. De resultas de la operación policial que venía siguiendo a la banda desde hacía tiempo, habían pasado a disposición judicial cuatro integrantes del clan, incluyéndose al mencionado cabecilla. Ni Fatine ni yo, tomando chocolate con churros en una cafetería de la calle Larios, teníamos el más mínimo interés en poner o quitar a la noticia de agencia una sola línea.

Un rato antes nos habíamos despedido en las dependencias de la policía de fronteras del puerto de Jaime y de su hermana.

—Comisario —me dijo el picoleto pelirrojo—, sin ustedes nunca hubiera recuperado a Malak, ni se habría trincado todo este montón de droga. No sé cómo darle las gracias.

 

—Ahora que tienes a Malak contigo, cuida de ella. Con eso nos daremos por bien pagados. Mientras las investigaciones no concluyan, deberá estar a disposición del juez cada vez que éste la llame. Tendrás con ello cerca de un año a tu hermana contigo, y durante ese tiempo, puedes mover una tarjeta de residencia primero, y luego incluso intentar lo de la nacionalidad. El próximo día que te vea, te daré el teléfono de un despacho de Sevilla en el que son expertos en esos trámites. Y bueno, entre compañeros siempre nos hacemos favores. Ya sabes, hoy por ti, y mañana por mí.

Malak abrazó a Fatine, del mismo modo que si de verdad fuera su hermana marroquí, y le dijo algo al oído en un lenguaje que por tercera vez en muy poco tiempo, me llevó a pensar que tendría que aprender árabe más pronto que tarde. Luego vino hasta mí y me tomó ambas manos.

—Comisario: le debo la vida. Les debo la vida a los dos. Han sido tan valientes y tan profesionales, que con gente como ustedes el mundo está más seguro.

—No lo creas Malak, el mundo no es más seguro para gente como Fatine o como yo. Lo que de verdad hace mejor este planeta es que la gente como Alí encuentre en sus vidas otros motivos diferentes para ser personas, y eso no es cosa de la policía, eso pica mucho más alto.

Pagué los desayunos y fuimos al parking en el que habíamos dejado el Corsa.

—Te propongo una cosa, compañera.

—A sus órdenes comisario.

—¿Nos tomamos un par de días de descanso en Puerto Banús? Si quieres podemos ir al ático del Hotel Benabola. Creo que nos lo hemos merecido y, tienes que contarme si de verdad perteneces a la inteligencia de Marruecos, o es que aprendes muy deprisa.

Fatine me devolvió una de esas ruidosas carcajadas, que tan bien me sonaban y que en el fondo, tenían algo de tomadura de pelo.

—He oído hablar del sitio aunque no lo conozco. Me parece una gran idea compañero. Nunca sabemos dónde nos espera el final, y quiero disfrutar de ti. Te pongo una condición —hizo una parada y me miró con una media sonrisa—. Invita Fatine al hotel, y a los restaurantes:

Besé sus labios con la ternura de lo inevitable y pusimos rumbo a Marbella, con la satisfacción del deber cumplido, y de los deberes que teníamos por cumplir en las próximas 48 horas: vistas maravillosas, descanso hasta compensar la tensión vivida, comidas deliciosas, y sexo hasta el deleite.

—Dentro de un par de días volveremos en dirección a Algeciras. Desde allí cruzaremos de nuevo El Estrecho. No nos podemos olvidar de la misión que nos tiene encargada Aitor.

Fatine, que iba pendiente de la pantalla de su móvil, lo giró para que yo lo viera. Tenía la página de una naviera abierta y estaba reservando los nuevos pasajes. Había algo que me fascinaba en aquella mujer, y es que tantas veces iba un paso por delante de mí, que me hacía sentir confianza. Seguro que antes ya había consultado si el ático del Benabola estaba disponible, y su pregunta me lo confirmó plenamente.

—¿Eres bueno jugando al billar americano?

—Soy bueno jugando sobre una mesa de billar americano a muchas cosas. Cuando lleguemos y durmamos un poco te echaré un campeonato.

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