Si te soy sincero…

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Querida Isabel:

Cuando estés leyendo esto, yo ya me habré marchado. Soy tan cobarde que no he sido capaz de afrontar tu mirada y explicarte cara a cara por qué tengo que irme. No sé si entenderás mis razones, pero al menos, pretendo darte mis motivos, para que sepas de mi puño y letra qué ha pasado.

Conocí a Mayte  hace tres años, por casualidad, en uno de esos talleres culturales a los que me obligabas a llevar al niño los sábados, mientras tú recibías clases de Pilates en casa. Desde el principio, conectamos. Te voy a ahorrar los detalles dolorosos, porque no son necesarios, pero sí te diré que desde entonces hasta ahora mantenemos una relación que va más allá de lo físico. Yo, que nunca he creído en medias mitades ni en almas gemelas, me descubrí sintiendo que ella me hacía desear ser mejor persona. Y me enamoré.

Nunca te lo dije, no me atreví. Porque a ti te seguía queriendo, y te sigo queriendo, a mi manera. He aprendido a aceptar que lo que me unió a ti en su día, cuando éramos tan jóvenes, ya murió, pero ha nacido otra unión entre nosotros, menos espiritual, pero sí muy práctica para la vida, y para el hijo que tenemos en común. Ahora sé que te vas a enfadar, y quizás sólo estés leyendo estas líneas después de haberte desahogado llorando, maldiciendo. Incluso puede que hayas roto el papel, y que hayas tenido que recomponer los trozos para saber cómo sigue. Como quiera que sea, has de saber.

Porque sé que tú me amas por encima de todas las cosas, y también sé que sabes que yo no te amo a ti de la misma forma. Y que sin habérmelo reprochado nunca, lo aceptaste. Por eso te escribo esto, porque sé que me perdonarás algún día, y sé que cuando regrese, me aceptarás a tu lado. Sin acritud. Con resignación. Recibirás las sobras de mi amor como si fueran todo lo que yo tuviera que ofrecerte, aunque sabes de más que eso no es cierto.

Junto a Mayte he descubierto una capacidad de amar que hasta ahora no había conocido, una necesidad de ella a todas horas que enriquecía mi anodina vida a tu lado. No me malinterpretes, no te culpo. He llegado a concluir que es una suerte lo que me pasado, porque cinco minutos bastan para dar sentido a una vida. Hay personas que se pasan media vida buscando lo que yo tengo, y otras que no lo encuentran nunca. Y yo me siento agradecido de haber podido compartir los escasos momentos que hemos disfrutado juntos a escondidas.

No sé si alguna vez me habría atrevido a dejarte. Nuestro hijo pesa mucho en la decisión de haber permanecido estos tres años a tu lado, pero hace una semana a Mayte le detectaron un tumor cerebral y ninguna expectativa de salvación. Le han pronosticado entre seis y diez semanas de vida. Por eso me voy con ella. No pienso privarme de acompañarla en el máximo de experiencias que podamos atesorar juntos. Estaré a su lado hasta el final, porque si no lo hago ahora, no habrá otra ocasión. Puedo decir sin que me tiemble el pulso que no habrá otra mujer como ella en mi corazón y que cuando no esté, su recuerdo me acompañará siempre.

Pero cuando ella deje este mundo, volveré contigo. Estoy dispuesto a seguir educando juntos a nuestro hijo, de seguir apareciendo ante la sociedad como la empresa familiar que somos. Piénsalo fríamente. Creo que es un trato muy jugoso para ti. En realidad, pocas cosas cambiarían con respecto a nuestra vida tal y como la hemos vivido hasta ahora. Sólo esto que sabes de nuevo acerca de mi persona.

Tengo que irme ya. He sacado dinero de mi cuenta, parte de la herencia que recibí de mi tía Soledad, el que nunca gasté porque no encontramos un buen motivo. Ahora me parece que el destino sabía que tenía que reservarlo para esto. Lo demás no lo quiero. Te lo dejo para que no te falte de nada mientras esté fuera.

Cuídate. Y cuida a nuestro hijo en mi ausencia. Creo que aún es pequeño para decirle la verdad, te aconsejo que inventes algún traslado repentino de trabajo, o algo parecido, aunque lo dejo a tu elección. Sólo te pido que pienses en su bienestar antes que en tu dolor. No he escrito nada para él, porque no sé si se lo dejarías leer, y la verdad, ahora mismo no quiero que nada sea tiempo perdido para mí. Confío en tu buen juicio.

Volveré en algunas semanas,

Tu marido.

 

5 Comentarios

  1. Juani says:

    Desde luego Raquel eres una buenísima escritora. Este relato me ha encantado, como todos los k leo. Soy una seguidora tuya en toda regla. Me encantas y tengo k darte las gracias por regalarnos a tus seguidores estos relatos. Un beso

    1. Raquel Tello says:

      Muchas gracias. Me alegro de que os gusten. Me animáis a seguir escribiendo.

  2. Lolita says:

    Relato duro y me desconcierta la historia
    Aunque como siempre sorprendente y espectacular
    Enhorabuena

  3. Raquel BM says:

    Me encanta como escribes, jamás hubiera imaginado un relato asi, haces q nos metamos de lleno en los personajes, y plantearnos q respuesta dariamos, como reaccionariamos, en definitiva lo q hace un buen escritor, sigue asi, y no pares🚀

    1. Raquel Tello says:

      Gracias mil!

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