El señor Eme -IV-

Posted on

Que las mujeres necesitamos expresar nuestras emociones, es un hecho fuera de toda duda. Por definición, somos incapaces de ocultar a nuestro círculo de confianza cómo nos sentimos, sobre todo, si ese círculo es femenino. Ahora bien, a la hora de compartir nuestros sentimientos, ¿elegimos a nuestras confidentes por el posible grado de empatía que puedan tener con nosotras? Dando por sentado que las que escuchan terminarán por dar su opinión, ¿por qué nos molesta que éstas no coincidan con las nuestras? Y en consecuencia, ¿desoímos aquellos comentarios críticos porque en el fondo sólo buscamos que las demás alimenten nuestros sueños, en lugar de abofetearnos con la realidad?

Durante los días que siguieron a mi peculiar encuentro con el desconocido del traje azul, en los que tuvimos que capotear para el que el fenómeno vuelta al cole no pusiera nuestra vida patas arriba como lo haría un huracán, me descubrí rememorando una y otra vez el instante en el que el tiempo había quedado suspendido entre aquel extraño y yo,  y cada vez que lo hacía, sentía cómo se me instalaba una sonrisa boba en la cara.

El domingo por la tarde, Mariluz nos invitó a merendar, para utilizarnos como conejillos de indias en una receta de nueva creación: tartaletas de crema y frambuesas. Sentadas las cuatro en el porche de su jardín, después de ingerir más azúcar del que debíamos, con nuestros hijos correteando por el césped, tuve la necesidad de compartir con mis amigas el fortuito accidente del bolso. Las tres me escuchaban atentas, bebiendo a sorbos sus Gintonics, y cuando terminé, se atropellaron al preguntar:

—¿Y no le pediste su número? —me reprochó Diana.

—¿Llevaba anillo el señor Misterioso? —fue lo primero que quiso saber Mariluz.

—¿No te dijo nada cuando vio que te marchabas? —preguntó Emi.

Levanté las manos con las palmas hacia afuera y me encendí un cigarrillo.

—Tranquilas —intenté calmarlas—, sólo digo que hubo algo mágico entre nosotros. No reparé en anillos, ni en números de teléfono, ni en nada. Me podría haber llevado siglos ahí de pie mirándolo. No recuerdo haber vivido esa sensación antes con un desconocido, ¿qué puede significar?

—Querida —intervino Diana—, significa que estás volviendo al mercado. Significa que el tipo te ha removido algo aquí abajo —mi amiga se llevó la mano al vientre con sensualidad—, que ya estaba empezando a pudrirse. No se trata de romper la magia, Salomé, pero si querías tener a ese tío entre tus piernas tendrías que haber sido un poco más pragmática y dejar de soñar con príncipes azules.

Le devolví una mirada que bien podía significar “cómo puedes ser tan bruta” o bien “por favor, déjame creer que hay algo más aparte del sexo”. Diana le dio otro sorbo a su cubata mientras se encogía de hombros, sin entenderme.

—Si supiéramos si está casado, ayudaría —aportó Mariluz.

—¡Anda, la otra! —le recriminó Diana—. ¿Y puede saberse a qué ayudaría, Mariluz? Por favor, que sólo se ha sentido atraída por él, ¿ya estás haciendo planes de boda?

Miré a Emi, sentada a mi lado, temiendo que la conversación, en manos de aquellas dos, acabara en tormenta.

—Lo que quiero decir es que si tiene anillo es mejor dejar correr el tema y que Salomé no se complique la vida —explicó Mariluz.

Diana se mordió el labio inferior y enarcó las cejas. Por fin intervino Emi, intentando suavizar las posturas:

—Yo opino que todavía es pronto para analizar con tanto detalle. Podría no significar nada o podría ser el primero de muchos encuentros maravillosos. Esperemos a que vuelva a aparecer para tener más datos.

—Misterioso, Maravilloso, Mágico… —bromeó Diana—, ¿qué más se puede pedir? ¡Tiene todas las Emes! ¡He is the Man, baby!

Todas echamos a reír. Pero no pude evitar comentar en voz alta:

—La verdad es que empiezo a arrepentirme de no haberle pedido su número al señor Eme.

Aquellas tres personas tan diferentes, cada una en su estilo, me ayudaron a construir un compartimento en mi cabeza donde ubicar temporalmente a Eme. Si volvía a aparecer, ya tendríamos ocasión de catalogarlo más acertadamente, y si no volvía a verlo, tendría que deshacerme de aquel recuerdo, tirándolo a la papelera como un inservible y caducado archivo en el escritorio de mi ordenador.

¿Por qué opción te decantas tú? ¿Eres más bien realista o todavía sueñas con príncipes azules?

15 Comentarios

  1. Lolita says:

    Super enganchada a Salomé y el señor Eme.
    Y los Príncipes azules no existen jajaja

    1. Raquel Tello says:

      Pobre Salomé. No tiene ni idea de cómo sacarse de su mente a ese extraño.
      Si no es azul, ¿lo dejamos en celestito?

  2. Mari Carmen says:

    Queremos lobos,
    No príncipes azules!!!!

    Me encantaaaaaaaa

  3. Curro Eme-A says:

    Hay que ser realistas, chicas… en todo caso, yo nunca tiraría a la papelera ningún recuerdo tan misterioso, mágico y maravilloso… seré yo??? 😛

    1. Raquel Tello says:

      Ya dijo Calderón de la Barca que la vida es sueño. Hay que soñar… Eme todavía no es un recuerdo para Salomé, es un principio…

  4. J&B says:

    Que se tire al cuello …. a ” jierro” 😂😂😂😂😂

    1. Raquel Tello says:

      Ahí, ahí, ése es el espíritu del macho alfa. Vas por la senda del señor Eme 😉

      1. Jorge says:

        Lo sabía jijijijjijiji

  5. Paqui says:

    Yo no quiero un amor civilizado….esa es Salomé y me encanta

    1. Raquel Tello says:

      Aún no hemos llegado a esa parte. Todavía está en modo “a verlas venir”. Pero ya llegaremos.

  6. Laura Frost says:

    Aquí. ..desde la subdelegacion del gobierno te digo que la arquitectura de los personajes está muy bien armada y a mí eso me gusta mucho. La verosimilitud de los personajes es muy importante para que una lectora quede satisfecha con una escritora. Bravo, bella!

  7. Macarena says:

    Los principes azules despintan al primer remojón.

    1. Raquel Tello says:

      Ahh, cuánta verdad, amiga. No queremos desteñidos.

  8. REBECA says:

    Deseando saber lo que va a suceder….😊😊.

    1. Raquel Tello says:

      Me alegro de que os esté gustando. Poco a poco.

Deja un comentario

Tu dirección de email no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.