me conozco, debo lograr mi objetivo (2/4)

Posted on

No es una carrera cualquiera, no es un día cualquiera. Hoy habrá un antes y un después, en todo.

Poco a poco los fantasmas y miedos comienzan a abrirse paso en mí, comienza a dolerme tras el muslo izquierdo y lo achaco a sobre-entreno muscular; me preocupa y mucho, si es serio no podré terminar la carrera. Desecho ese pensamiento, estoy hecho un toro. No, un toro no; estoy hecho un lobo, incansable tras su objetivo, nervudo y duro; resistente.

Doy saltos y observo a los corredores que se amontonan a mi alrededor.

Visualizo la carrera, no tengo objetivo claro, me he pasado el verano entrenando triatlón, lo cual ha hecho que mi tirada más larga haya sido de catorce kilómetros; claramente no estoy preparado para aguantar un ritmo alto durante veintiuno. Pero me siento valiente y temerario y además hoy soy un lobo, viejo y con cicatrices de mil carreras, hoy voy a igualar mi mejor marca.

Una hora treinta y seis minutos, hace dos o tres años en este mismo escenario… pero con diferencias, había entrenado todo el verano siguiendo un plan específico y estaba en mi mejor momento como corredor. No me importa, nunca me he sentido tan fuerte como ahora, incluso creo que podría ir mas rápido.

Alejo ese pensamiento dañino que sólo logrará que me desfonde y que tenga que sufrir una agonía enorme durante muchos kilómetros. Correré conservador, los primeros diez, a cuatro cuarenta y a partir de ahí, si estoy fuerte, bajaré a  cuatro treinta, y si no es así, pues intentare mantener el ritmo hasta el final.

Me conozco, por lo que repito interiormente los ritmos, los convierto en un mantra. Me conozco. Me repito “a cuatro cuarenta y después a cuatro treinta” una y otra vez, se debe convertir en mi credo, en lo que me salve del dolor y me dé satisfacción al terminar. Me conozco.

El disparo de salida me sorprende, entre la alegría y el jolgorio general poco a poco, caminando y parando, logro pasar por debajo del arco de salida. Pulso el botón de mi reloj, la carrera ha comenzado y ya he perdido a mi compañero.

Empiezo cansino, entre la muchedumbre que me impide avanzar, es normal y aguanto sereno el ritmo bajo esperando a salir del estadio para apretar. Espero paciente, hasta que algo ocurre, un segundo tapón me obliga  parar. La puerta de salida es un embudo.

Tal y como logro salir, el ansia ya me ha dominado, he perdido segundos, más de un minuto, que me son preciosos. Acelero el ritmo, me alejo del flujo de corredores y comienzo a correr por las aceras, por el carril habilitado para coches, todo con tal de evitar tener que serpentear entre los demás participantes cuyo ritmo no quiero seguir. Me conocía.

Cuando miro el reloj, éste me dice que he perdido casi minuto y medio en el primer kilómetro.  Esta revelación no hace sino que aumente mi ritmo, hasta tal punto que para el kilómetro tres ya he conseguido que la media de carrera marque cuatro minutos treinta y cinco segundos, eso significa que he acelerado hasta ponerme sobre cuatro minutos el kilómetro. Debo bajar el ritmo y lo hago, acomodándome a la velocidad que requería mi plan. Respirar y bajar cadencia de zancada. Miro el reloj.

Cuatro treinta.

0 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de email no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.