La mentira

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Juro que no había mentido hasta ese momento y la verdad es que aún no sé bien por qué lo hice. Supongo que no imaginé que la mentira me atraparía.

Todo empezó como empiezan las tardes que se presentan aburridas: dos horas de autobús hasta mi puesto de trabajo en una nueva ciudad y una señora desconocida que ocupa el asiento junto al mío, fastidiando con su conversación mis planes de terminar el libro que traía entre manos. La observé acercarse, ofreciendo su sonrisa gratuita a cada pasajero que dejaba atrás a medida que avanzaba por el pasillo, hasta que cometí la estupidez de dejar que sus ojos encontraran los míos. Por más que bajé rápidamente la mirada, supe de inmediato que ese insignificante despiste por mi parte acababa de animarla a escoger mi asiento entre el resto de plazas que aún quedaban libres.

Con cortesía, al llegar a mi lado preguntó lo que ya sabía, si podía sentarse, a lo que yo respondí con una desganada afirmación de cabeza y una educada sonrisa en los labios. Debía de rondar los sesenta años y enseguida empezó a parlotear. Yo le respondía lacónicamente y tornaba a concentrar mi atención en las páginas del libro, pero aquella mujer no parecía entender las señales de un rechazo cortés. Intenté sin éxito sumergirme en la historia que tenía pendiente de rematar, pero esa perorata sin descanso en aquel tono vivaracho hacía imposible cualquier intento de concentración. Me dispuse, resignada, a afrontar el resto de la tarde escuchando a mi compañera de asiento, y cerré el libro.

Ella recibió mi nueva actitud con entusiasmo, y así me enteré de que volvía de visitar  a una hermana que acababa de enviudar, con toda suerte de detalles acerca de la lenta y penosa enfermedad sufrida por el ya ausente cuñado. Enseguida, ese dechado no solicitado de sinceridad y familiaridad por su parte, le hizo pensar que quedaba autorizada a pedir un justo canje de información, así que sin ambages, me preguntó cuál era el motivo de mi viaje a aquella ciudad que era la suya. Le respondí que me incorporaba a un nuevo puesto de trabajo y la siguiente pregunta no se hizo esperar: “¿Y en qué trabajas?”

Las palabras ya estaban galopando desde mi cerebro hasta mi boca, a punto de salir, pero en la última décima de segundo cambié de opinión y en lugar de admitir que era maestra de educación infantil, inventé otra historia. Supongo que por mera diversión, y por la seguridad que me daba el hecho de que nunca más volvería a ver a aquella señora —¿qué necesidad había de contarle la verdad?—, disfruté imaginando que podía ser quien quisiera, lo primero que se me viniera a la cabeza, que en este caso fue:

—Soy cirujano.

Rápidamente me lancé a contarle todo tipo de peripecias, de intervenciones de alto riesgo, de problemas con los internos, con los sindicatos, ingenié sobre la marcha toda una película, en la que ahora era yo la que hablaba sin parar. La señora me escuchaba asintiendo, encantada, hasta podría decirse que orgullosa de que una chica tan joven desempeñara un puesto de semejante responsabilidad.

Absorbida por mi propia historia, el resto del viaje pasó rápido. Al llegar al destino, me despedí de ella, incluso permitiéndome la frivolidad de recomendarle algunos consejos para su salud. Cómo iba a saber yo que a la mañana siguiente, cuando la conserje del colegio donde iba a ocupar mi plaza me presentaba a todos los compañeros, una cara me resultaría terriblemente conocida.

—Y ella es Elia, nuestra directora.

 

10 Comentarios

  1. Paco Tello says:

    De ahí el refrán, “se coge antes un mentiroso que a un cojo”
    En La Celestina, obra del XVII, dicen “Toman antes al mentiroso que al coxquea”

    1. Raquel Tello says:

      Cuán cierto.

  2. Lolita says:

    Q suspense q ocurrirá ……….ansiosa por saber más, No tardes Raquel Tello en darnos más más más

  3. Javiroga says:

    Jajaja, espléndido

  4. Toñi says:

    Buenisimo raquel

    1. Raquel Tello says:

      Seguro que todos tenéis alguna historia similar que contar…

  5. Eva says:

    Jajaja…es mejor callar q mentir…aunque la tentación es de tod@s.

    1. Raquel Tello says:

      A veces nos cansamos de cotrolarnos y decidimos dar rienda suelta…qué peligro

  6. Raquel BM says:

    Jajaja😂😂😂, quién en algún momento no ha soñado vivir la vida de otr@??aunque luego t choques con el muro d la realidad cuando despiertas😂😂😂😂

    1. Raquel Tello says:

      Verdad que sí. Sólo que a veces, se complica.

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