La Escapada (5/6)

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ELLA

El reloj de mi mesita de noche da las dos de la mañana. Cada vez me desvelo antes. No sé qué hacer para conciliar el sueño. Cierro los ojos, obligándome a no pensar en nada. Nunca he sabido hacer eso. ¿Cómo se piensa en nada? Dejar la mente en blanco…¿un muro blanco?, ¿un cielo blanco?, ¿un papel blanco? No puedo pensar en blanco sin más, no domino los conceptos abstractos. Cojo el móvil y la luz brillante de la pantalla me ciega por momentos. Joder. Cierro los ojos e intento bajarle el brillo. Busco su email entre mis correos y leo otra vez lo que ha escrito. Creo que me lo sé de memoria.

Por la mañana, después de los Buenos días que se han vuelto rutinarios ya, me pregunta si aceptaría una invitación para almorzar juntos. Los nervios me ponen zancadillas en el trabajo durante toda la mañana, hasta que a mediodía aparece y ante los ojos de todos, sin dar explicaciones, nos marchamos juntos a comer. Subo a su coche y dejo que me lleve a algún sitio, me da igual cuál, ninguno será apto para hacer lo que realmente me apetece, así que cualquiera es bueno.

Por el camino, le robo algunos besos mientras conduce y saboreo cuidadosa su cuello. No quiero dejar ningún rastro que lo ponga en un aprieto. La comida es relajada, habla sin parar, y a mí me gusta escuchar sus historias. Lo observo mientras relata aventuras familiares. Me gustan sus ojos y su nariz. También sus labios gruesos. Le miro las manos, hasta ahora no sabía cómo eran: grandes o pequeñas, dedos finos o gruesos. Me pregunto qué tiene para haberme traído hasta este punto en tan sólo cuatro días. Me respondo que no tengo ni idea. Intervengo poco en la conversación, me gusta más escucharle sonriendo, es un buen contador de historias.

Terminamos de comer y nos marchamos de vuelta. Sabiendo que nuestro tiempo juntos toca a su fin, el camino de regreso se vuelve más caliente. Aparta el coche a un lado mientras nos besamos con ganas desmedidas. Esta hora es mi preferida para tener sexo y mi entrepierna se humedece con el sólo contacto de su lengua. Me besa el cuello y me dejo hacer. No me importan las miradas indiscretas, o me importan un poco menos. Pasan algunos coches junto a nosotros que nos devuelven a la realidad, y reemprendemos la marcha. Encuentro la situación un poco desesperante, impropia para nuestra edad. Le confieso mi frustración y eso hace que en la primera rotonda se dé la vuelta.

Le digo que tengo que volver al trabajo y me dice que no va a ser posible. Conduce por calles desconocidas hasta que aparca en la puerta de un edificio. Le pregunto qué lugar es ése y me cierra la boca con un beso. Subimos hasta la segunda planta y se detiene frente a una puerta. Un letrero de metal a la derecha del marco de madera con su nombre grabado me revela que estamos en su oficina.

Las persianas están echadas y hay una penumbra cómplice en toda la estancia. Cuando cruzo el umbral, coloca sus brazos por encima de mis hombros y empuja la puerta hasta cerrarla, atrapándome entre ella y su cuerpo. Mi respiración cada vez es más acelerada, y él sólo se queda ahí parado, mirándome fijamente a los ojos, mientras temo que el corazón se escape de mi pecho o que me desmaye de repente.

6 Comentarios

  1. Rebeca says:

    PLAN DE RAQUEL: Matar a sus fieles lectoras de impaciencia!!! Queremos máaaaaaaaas! 😂😂😂😂

    1. Raquel Tello says:

      Jajaja, no soy tan malvada…

  2. Jorge says:

    Pufff al lío Dios!! !!! yujuuu!! !!!

    1. Raquel Tello says:

      Este hombre siempre apoya las opciones más salvajes y atrevidas.
      Igual algún día te creo un personaje…

  3. Martina iglesias morales says:

    Estoy deseando llegar a los 40 rakelilla ya me habían dicho que era la mejor edad que intriga xdios

    1. Raquel Tello says:

      Anda, no tengas prisa, querida, todo llega! Lo importante es disfrutar de cada etapa. Besitos

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