¿Hacerlo tuyo a cualquier precio? -XXXV-

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En relación con las infidelidades y las relaciones a tres bandas, me sigo preguntando qué se puede hacer desde cada una de las posturas. O mejor aún, qué es lo más inteligente para no resultar dañadas en el camino. Desde el punto de vista de la amante, las dos opciones que veo son: ¿colaboramos en mantenernos secretas o movemos algunos hilos para ayudar a que se destape todo? Desde el otro lado, el de la esposa engañada se me ocurre: ¿querría yo enterarme de una infidelidad aunque me costara el matrimonio que hasta ahora suponía feliz? Intentando ser sincera, y aceptando como premisa irrefutable el axioma de ojos que no ven corazón que no siente, ¿preferirías no saber nunca si ha habido o hay un desliz que podría comprometer tu modelo de vida?  ¿Qué estamos dispuestas unas y otras a sacrificar?

La noche de la cena en casa de Diana había acabado con un desagradable incidente: dos tipos en una moto me habían asaltado al salir del portal y me habían robado la pequeña carterita que llevaba con mi DNI y algo de dinero. Por suerte, no llevaba el monedero completo con todas las tarjetas pero aún así, tenía que ir a denunciar el robo de la documentación como me había aconsejado el ex poli, así que había pedido a Mariluz que me acompañara a la comisaría.

Fuimos dando un paseo hasta la más cercana, mientras los niños, los dos míos y las dos de ella, corrían quince metros por delante de nosotras. Mariluz me reprochó la imprudencia de haber decidido volver a casa caminando sola, y supuse que a Diana le caería otro rapapolvo por haberlo consentido en cuanto se le presentara la ocasión. Sonreí condescendiente, Mariluz era muy protectora, pero no estaba preparada para lo que vino a continuación:

—¿No te da pena estar más sola que la una, mientras él está en casa con su mujer? ¿Así vas a aguantar siempre? ¿De lunes a viernes y calladita durante el fin de semana como una proscrita?

Su tono de voz la delataba, estaba muy preocupada, y su tranquilidad pasaría por que tuviera un hombre a mi lado para cuidarme. No me dio tiempo a responderle cuando añadió:

—¿Por qué no se lo cuentas a su mujer?

La miré seria, sin creerme lo que estaba oyendo.

—No me mires así, joder. A mí me gustaría enterarme si mi marido me estuviera siendo infiel. Mira lo lista que fue Maripossa, ¿cuánto tardó en meterle las bragas en el bolsillo a tu marido?

Mariluz parecía dispuesta a todo aquella mañana.

—Ya  —suspiré echando mano de mi paciencia—, pero yo no puedo hacer eso, no me dejaría vivir tranquila. Y además, yo quiero ser elegida, no quiero ser la segunda opción menos mala.

Mariluz me miraba sin entender.

—Yo quiero que Eme deje a su mujer, porque él quiera, no porque no tenga más alternativa. Y quiero que decida estar conmigo porque sea su elección, no porque su mujer le ponga de patitas en la calle.

—Yo no sé si sería capaz de ser tan íntegra. Vuelvo a utilizar a tu marido de ejemplo, perdóname: si la pequeña hippie no hubiera dado el paso, igual aún estarías casada, incapaces tanto tú como él de haber puesto fin a una relación que ya estaba muerta.

—Sí, pero yo, en el lugar de Maripossa, no podría vivir sin saber si él habría sido capaz de elegir.

—¿Y qué más da? Tiene lo que quería, ¿no?

—Claro que da, Mariluz. No es ni parecido.

—Eres una idealista, amiga. Estás cargada de principios. Y entregándote a ese imbécil que no te merece mientras la vida pasa a tu lado. Y encima, sola. ¿Le has contado lo que te ha pasado, lo del robo?

Agaché la cabeza. Pese a lo brusco de su tono, no le faltaba razón y musité por lo bajini:

—Lo haré el lunes, tampoco ha sido grave.

Mariluz soltó una carcajada desdeñosa.

—Aunque estuvieras en el hospital él no vendría a verte —escupía sus palabras cargadas de veneno como una serpiente de cascabel—. Al menos no hasta que su coartada fuera perfecta. Él no arriesga nada, Salomé. Sólo te digo que mires un poco más por ti misma, que no te ciegues y que seas más egoísta y más inteligente.

Se paró en seco en mitad de la calle y continuó con su ataque:

—¿Qué es lo que quieres? ¿Estás tan enamorada de ese hombre que eres capaz de aguantarlo todo por él? Pues coge el toro por los cuernos y haz que su mujer se entere de una vez. Y si no eres capaz de eso, deja de ser el segundo plato de nadie y mira más por ti. ¿Qué pasa con el banquero amigo de Diana? ¿Te gustaba, no? —se acercó mucho a mí y bajó el tono de voz—. Pues fóllatelo, ¿me oyes? Que no eres ninguna monjita de la caridad. Échale un polvo y prueba a ver qué tal, que te invite a cenar el fin de semana, que te lleve de la mano por la calle. Deja que presuma de ti lo que el otro no es capaz.

No pude evitar echarme a reír. Me descolocaba escuchar a Mariluz hablar de esa forma, no era propio de ella. Cuando me vio reír, pareció que demonio que la había poseído por fin abandonaba su cuerpo y nos miramos las dos, riendo ahora a carcajadas, agarradas del brazo mientras nuestros hijos desandaban sus pasos para preguntarnos insistentemente qué nos hacía tanta gracia.

Entramos en la comisaría secándonos las lágrimas con un pañuelo de papel, dando por cerrado el reproche. Pero el veneno de aquellas palabras comenzaba a hacer su efecto en mí. ¿Si fueras la esposa, querrías saber a toda costa? Y si fueras la amante, ¿querrías hacerte saber a cualquier precio?

7 Comentarios

  1. Rebeca says:

    Ayy….¡pedazo bofetada de realidad que le ha dado Mariluz! Tiene toda la razón…..
    Si yo fuera la esposa, querría saberlo pues la mentira, no la soporto. Y por otro lado….apoyo 100% a Salo….es mejor que él decida porque quiere y no porque su mujer lo ponga de patitas en la calle…aunque también es verdad, que Salomé debería darle un poquito a EME de su propia medicina….y salir con otros!! Una dosis de celos no le vendría mal….a ver qué hace él….👿👿👿 Absolutamente geniales tus refllexiones, Raquel!! 😙😙😙😙😙

    1. Raquel Tello says:

      Mi Mariluz es que lo ve más sencillo todo: si quiere, puede y si no puede, es porque no quiere. Pero la vida de cada uno tiene muchos matices y no todas las personas somos capaces de afrontar las cosas de la misma manera, sobre todo cuando se trata de nuestra propia vida y nuestras propias decisiones, ¿no crees? Eso que se dice de que “todo el mundo sabe torear desde la barrera”. Mi Salo jamás pondría a Eme en un aprieto que lo comprometiera, ella se tiene en demasiada alta estima. Eso sí, también tiene su corazoncito y a veces, se siente ploff….
      Gracias por leerme, Rebeca!!

      1. Rebeca says:

        Eso es muy cierto….desde la barrera es tán fácil opinar…😉😉

        Gracias siempre a ti, guapa!! 😘😘😘😘

  2. Manuela says:

    Nadie se ha planteado que, igual, su mujer, ya lo sabe?

    1. Raquel Tello says:

      Mmm, interesante matiz. Como la historia está contada en primera persona no puedo saber el punto de vista de la mujer. Podría ser que si no lo supiera, al menos lo intuyera, y mirara hacia otro lado. No me creo que las personas que son engañadas no noten nada diferente en sus parejas. Será que, en el fondo, prefieren no saber…

      1. Manuela says:

        Matrimonio de conveniencia?

        1. Raquel Tello says:

          Bueno, es difícil dar el paso cuando hay hijos de por medio. Algunas personas se aferran a sus parejas aún sabiendo que sólo recogen las sobras. Gracias por seguirme, Manuela.

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