El Príncipe escondía una rana (Cap. 14)

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Resumen del capítulo anterior: Mariángeles y Rodrigo se despiden a toda prisa para ir a trabajar. A mediodía, él le escribe para invitarla a cenar y ella se acicala, dispuesta a seducir del todo a su hombre.

Paró la moto en la puerta de un restaurante italiano, La Locanda Negra, en plena Via Laietana. Antes de entrar, reparé en nuestro reflejo en la cristalera de la entrada, la verdad era que hacíamos una bonita pareja.

Rodrigo se adueñó de la situación, escogió el vino, escogió el entrante y me sugirió varios platos, cada cual más apetecible que el anterior. Nos acariciábamos las manos sobre la mesa, dedicándonos carantoñas y arrumacos de esos que provocan ganas de vomitar cuando no eres tú la protagonista  y te toca observar desde la mesa de al lado. Estaba viviendo mi propio cuento de hadas.

Me proponía planes para el fin de semana, entre otros, pasar a conocer a sus amigos, que habían quedado un poco más tarde en un local de moda, en el Puerto. Sin embargo, lo notaba algo nervioso en su forma de comportarse, y aunque le pregunté si todo iba bien varias veces, él no reconoció nada.

Pedimos un postre para compartir a base de chocolate negro, y cuando más absorta estaba en paladear semejante manjar me dijo:

—Mariángeles, hay algo que necesito contarte.

Levanté muy seria la mirada, con la cuchara a medio camino entre el plato y mi boca, y mis peores pesadillas empezaron a materializarse:

—Ay, Dios mío —le dije, soltando la cuchara y echándome hacia atrás en la silla.

Me tomó la mano para tranquilizarme pero mis pensamientos negativos empezaron a salirme a borbotones por la boca, por orden de gravedad:

—¿Estás casado?

—¿Qué? ¡No! ¿Estás loca?

—¿Tienes novia?

—No se trata de nada de eso, déjame hablar.

—¿Tienes hijos?

Él me miraba, diría que algo divertido en el fondo, pero seguía estando serio.

—No, te he dicho que no se trata de eso.

—¿Entonces, qué? —le clavé la mirada—. ¿Eres gay?

Se echó a reír.

—¿Cómo puedes preguntarme eso después de lo de anoche?

—No sé, estoy pensando qué te puede pasar para estar así de serio, total, tampoco es tan improbable, al fin y al cabo, te conocí en la fiesta de Fede, podría ser…

Se levantó de su silla, rodeó la mesa acercándose a mí, y delante de los demás comensales, me plantó un beso largo de película antes de volver a su asiento.

—No estoy casado, no tengo novia, no tengo hijos, no soy gay. ¿De acuerdo?

Yo asentí con la cabeza, sin querer pronunciar palabra.

—Pero tengo que decirte algo importante, que no he querido contarte antes, por miedo.

—Vale, no me estás tranquilizando en absoluto —le reproché.

Él bebió un poco de agua antes de seguir:

—¿Te acuerdas el día que nos conocimos?

Volví a asentir, obviamente, cómo no iba a acordarme.

—Pues ese día acababa de comunicar a mi empresa mi baja voluntaria —ya estaba suspirando de alivio cuando añadió—: me vuelvo a Nicaragua.

¡Plof, plof, cataplof!

—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Cuánto tiempo?

Agachó la mirada antes de responder:

—Hacía ya unos meses que sentía que éste no era mi sitio. Tengo un buen trabajo, sí, pero no es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Me había acomodado en esta empresa, y yo me vine a Europa para conocer mundo y para buscar otras oportunidades, y sentía que aquí ya me había encasillado. Lo pensé mucho tiempo, y al final, opté por regresar a mi país. Quizás darme un tiempo sabático, para pensar en mi futuro, aclarar mis ideas en casa, antes de marcarme un nuevo destino.

Empezaba a correrme un sudor frío por la espalda. Ya sabía yo que no podía ser todo tan perfecto.

—¿Qué me estás contando? ¿Cuándo te vas?

—Tengo el pasaje para dentro de un par de semanas.

Me entraron ganas de salir corriendo de allí. ¿Por qué tenía que pasar esto ahora? Entonces caí en la cuenta de que él ya sabía todo esto cuando me conoció y aún así insistió en conseguir una cita.

—¿Y por qué no me dejaste estar? Yo estaba tranquila y decidida a no volver a sufrir —le reproché—. ¿Qué se supone que tengo que hacer yo ahora?

Se me venía el mundo encima, y me sentía muy decepcionada. Era algo que se podía haber evitado.

—Mariángeles, mírame —me pidió y obedecí a duras penas. No creía que pudiera ser verdad, tenía que ser una broma—. Cuando te vi en aquella fiesta, no pude evitarlo, me quedé totalmente prendado de ti. A pesar de que sabía que en unas semanas me marcharía, sabía que me arrepentiría el resto de mi vida si no intentaba conocerte un poco más.

—Qué bonito. Puro egoísmo, ¿no? No te puedes quedar sin conocerme a pesar de que sabes que te largas, sin importarte cómo me afectaría a mí. ¡Podías habérmelo dicho antes! Al menos, habría tenido la posibilidad de elegir yo también si quería seguir adelante.

—Pero, nena…

—No me llames nena. ¡Idiota! ¡No es justo!

Me levanté y salí disparada hacia la salida. Lo vi por el rabillo del ojo sacar dinero de su cartera y pagarle al camarero. Yo eché a andar hacia la parada de metro más cercana al paso más rápido que me permitían mis tacones de aguja.

—Mariángeles, ¡espera, por favor!

Me alcanzó sin dificultad y me retuvo por el brazo.

—¿No ves que si te lo hubiera dicho antes te habrías cerrado en banda? No me habrías dejado acercarme a ti.

—Ah, pues mira, en eso tienes razón. Se llama opción de decidir —le espeté muy enfadada.

—¿Y qué querías que hiciera? Yo no elegí conocerte en ese momento. No lo planeé —empezaba a derrumbarse por momentos—, ojalá te hubiera conocido una semana antes, entonces seguramente no habría tomado esa decisión, pero ya no puedo cambiar las cosas.

Me ablandó lo suficiente como para ofrecerle una tregua.

—¿Y qué sugieres que hagamos ahora?

¿Qué le responderá Rodrigo? ¿Le pedirá que vivan su historia hasta que llegue el momento de la despedida o le ofrecerá retrasar la fecha del pasaje? ¿Aceptará Mariángeles seguir con esa relación o preferirá dejarlo ahora, antes de que pueda enamorarse? No dejes de leer la siguiente entrega.  

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Concebido y desarrollado en exclusiva para la revista digital Asuntos de Mujeres. Décimo cuarto capítulo publicado el 26 de septiembre de 2017. El príncipe escondía una rana

 

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