El Deseo (3/6)

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ÉL

Es muy temprano, aún no han dado las siete. Me desespero por tenerla ya metida en mis pensamientos, esto no es propio de mí. Pero no puedo contenerme y le mando Buenos días al móvil.

ELLA

Estoy nerviosa, acaba de llegar a la oficina. Hoy no trae corbata: vaqueros, camisa azul y cazadora de cuero. Me sostiene la mirada, serio, y me pide que lo siga al despacho. Se ha quitado la cazadora y está de pie, remangándose las mangas de su camisa. Me pide explicaciones de un incidente con un cliente. Empiezo a contarle. Él asiente con la cabeza mientras me hace señas con el dedo para que me aproxime. Yo obedezco, y siento que me tiemblan las piernas. Me aturullo en mis argumentos, ya no sé lo que estoy diciendo. La puerta del despacho está abierta y dos de mis compañeros trabajan a menos de dos metros de distancia. Me coge por la solapa de mi chaqueta vaquera y me besa. Sigue preguntándome, ya no sé por dónde iba. Me aparto unos centímetros para intentar hilar mis pensamientos y resultar convincente. Él sigue preguntando en voz alta y entre sus preguntas y mis respuestas intercala un beso breve. Despacito. En mi mente, cierro la puerta del despacho y dejo que me posea sobre la mesa de reuniones. En la realidad, la situación me supera y salgo de allí.

ÉL

Camino arriba y abajo mientras hablo con todos de temas de trabajo. Ella se parapeta detrás de su escritorio. Es vulnerable, también eso me gusta. De vez en cuando, se levanta a la fotocopiadora o a los archivos y la veo moverse por el pequeño espacio con un coqueto taconeo. Hoy lleva un vestido corto, bajo el que aparecen dos largas piernas que imagino a ambos lados de mis caderas. Entre nosotros  hay una suerte de conexión química que me está consumiendo de deseo. Cuando paso junto a ella, la miro. Me gusta que sienta mis ojos sobre su espalda cuando trabaja. Su forma de sentarse hace que el vestido se le suba aún más y queden más centímetros de piernas a la vista. Creo que hoy tendré pesadillas con esa visión. La tensión sexual entre nosotros llena todo el espacio. Tengo que marcharme ya, pero antes le pido que desaparezca conmigo unos minutos. Se me hace insostenible no tocarla.

ELLA

Acepto escaparme con él de nuevo a la sala del café, con todas las alarmas encendidas. Es una opción malísima, pero es la única que tenemos. Es eso o nada. Y no puedo aguantar sin nada. Lo encuentro en el mismo lugar que ayer, pero hoy estoy más decidida. Por primera vez le paso mis brazos alrededor del cuello y nos besamos ahora con ansiedad. Siento su cuerpo pegado al mío. Me agarra firme por la cintura y me obliga a quedarme quieta mientras me mete la lengua hasta la garganta. Me sube un calor desde mi sexo que me hace separarme y mirarlo. Tiene en su boca rastros de mi pintalabios rojo. Me gustan sus labios, los miro y los acaricio con el dedo pulgar. No deja que me aleje. Tira de mí hacia él y me rodea por la cintura. Le acaricio el cuello y el pecho. Le digo que estaba deseando tocarlo, que me moría por conocer su tacto.

ÉL

Nos besamos con lujuria, la giro y la coloco de espaldas justo delante de mí. Hundo la cabeza en su cuello y la aprieto fuerte. Meto mis manos por debajo de su falda y busco el centro de sus piernas. Siento sus músculos tensos bajo las medias. Suelta un suspiro de placer que me vuelve loco y noto cómo mi pantalón empieza a hincharse. Me muero por estar dentro de ella. Pero ella se aparta, acalorada. Me dirige una mirada de aquí no puede ser y por más que me pese, tengo que admitir que no es buena idea. Al fin, me marcho, con el recuerdo de su piel impreso en la huella de mis dedos.

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