Donde habita el alma

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Desde joven, recuerdo haberme cuestionado siempre realidades que los demás daban por ciertas, sin saber realmente si esto obedecía a mi propia naturaleza curiosa e inconformista o si eran los demás los que hablaban sin propiedad sobre temas desconocidos.

Me llamó mucho la atención escuchar a mis conocidos hablar sobre el alma, un concepto  que para mí, unido al de las religiones, quizás por mi ateísmo, no entendía.

Nadie supo explicarme si el alma tenía forma y peso, y por consiguiente era orgánica —como el corazón—, o si se trataba más bien de algo etéreo, como un pensamiento que se alojaba en lo más profundo de nuestro ser.

Pasaron muchos años sin respuesta, hasta que un día cualquiera, una llamada de móvil que no esperaba, me trajo la solución. Tuve que suspender un tranquilo día de compras, y en  un coche que aún no sé si posaba sus ruedas sobre el asfalto o simplemente volaba, llegué a casa de mis padres. En la calle, normalmente tranquila, las luces encendidas de dos ambulancias lo iluminaban todo. Ni en la peor de mis pesadillas pude imaginar la escena que encontré:  mi madre lloraba sin consuelo y mi padre yacía tumbado en el suelo, mientras las manos de los médicos se turnaban para empujar su tórax, que no respondía.

Mientras observaba, inmóvil ante aquel doloroso escenario, encontré la explicación a aquella pregunta que aún rondaba en mi cabeza, sobre qué era el alma.

Sin lugar a dudas, lo que se estaba rompiendo dentro de mí era un alma. Pero no la mía, sino la de mi padre, pues ésta no se encontraba en su interior, sino en el de quienes lo queríamos. Y dada su naturaleza incorpórea, perduraría y trascendería a su muerte.

Sin darme cuenta, entendí de la forma más dura que uno puede esperar, que también mi alma existe,  intangible, y será eterna en los corazones de las personas que me quieren.

3 Comentarios

  1. maria says:

    Todos los que hemos perdido a alguien querido entendemos intimamente lo que tan bien cuentas con palabras.

    1. Raquel Tello says:

      No lo cuento yo, uno de mis colaboradores, que estará encantado de saber que os gusta lo que ha escrito. Gracias !

  2. Rebeca says:

    Totalmente de acuerdo con “anónimo” que algo se rompe dentro de uno mismo cuando pierdes a un ser querido…y aunque lo roto se intente “pegar”, nunca será lo mismo. Enhorabuena por el relato! A mí me ha emocionado. 😘😘

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