Confesiones “on the rocks” -XL-

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Ser parte de un grupo de amigas no significa que se está sólo para los buenos momentos. De hecho, estar ahí en los malos seguramente sea lo que nos otorga la insignia boy scout de amiga de verdad. Hasta que no se supera esa prueba cum laude parece que no está del todo demostrada la amistad. Y eso, cuando probablemente los momentos regulares, normales y malos superen en número a los buenos. Qué absurdo. ¿Somos más dadas a contar nuestras preocupaciones que las pequeñas alegrías que nos da la vida? ¿Damos por sentado que las amigas están ahí para aconsejarnos siempre ante las dificultades y no para alegrarse por nuestros momentos felices?

El domingo por la tarde lo habíamos reservado para el cumple del hijo mayor de Emi. Pablo había elegido celebrarlo en La Casa de la Ciencia, el Museo preferido de mis hijos y sus amigos, escogiendo para la ocasión una temática de detectives con la que todos los invitados llevaban semanas fantaseando. Lo que en un principio podía parecer un inconveniente, que era que los padres no tenían acceso a la actividad, ya que se desarrollaba en el interior del Museo, lo habíamos transformado en una ventaja, adueñándonos del Chile  —bar emblemático en la historia de la marcha sevillana con una ubicación privilegiada junto al río, y casualmente, a dos pasos de la Casa de la Ciencia—, durante las dos horas y media que duraba la actividad. En primavera, junto al río, con una copa de ron en la mano y un cigarrillo en la otra, y sin niños, era el mejor cumpleaños infantil que se podía soñar.

La pequeña Cris, que aún no tenía un añito, estaba rifada entre las madres de los compañeros de clase de nuestros hijos, que se la sorteaban para pellizcar sus cachetes regordetes y esas piernecillas llenas de roscas que ni las medias de hilo que le había puesto su madre lograban disimular. Después de alternar un rato con las demás mamis, y comentar con ellas temas escolares que nunca tenía ocasión de discutir porque mis hijos iban al aula matinal y los recogía del cole la niñera, me senté junto a Diana para pedirle detalles del caso “pérdida de memoria”. La noche antes nos había mandado al grupo un escueto “misterio resuelto” que había prometido contarnos en persona. Cuando las demás me vieron junto a Diana hablando en voz baja, se las ingeniaron para escaparse un segundo de los grupos en los que charlaban y acudir a la mini-reunión donde sabían cuál era el punto caliente:

—Cuenta rápido, antes de que venga alguien. ¿Qué pasó, entonces? —Emi apremiaba a Diana dando palmaditas con las manos, impaciente.

Diana hizo un resumen rápido:

—Pues no pasó nada. Se ve que la última botella que nos bebimos, la de Jägermeister, tiene el efecto de borrar la memoria el día después. Así que él tampoco lo recuerda.

—¿Y entonces cómo sabes que no pasó nada? —matizó Mariluz.

—Pues fuimos juntando evidencias, lo que recordábamos cada uno, y concluimos que hay pruebas suficientes de que caímos borrachos antes de pasar a más.

Una mamá llamó a Emi, Cristina la reclamaba a lágrima viva:

—Ni se te ocurra contar nada más —dijo antes de marcharse a por su bebé.

—¿Y qué vais a hacer ahora? —quiso saber Mariluz. —¿Vais a volver a quedar?

Agaché la cabeza para que Mariluz no me viera sonreír. Estaba claro que volverían a quedar. Ambos tenían pendiente esa noche, se la debían, sobre todo después de la noche en blanco que habían tenido.

—Claro querida, esta vez sin nada de alcohol.

—¿Ni un chupito? Qué vergüenza, ¿no?, meterte en la cama con un tío, así con la cabeza fría.

—Para meterme en la cama con un tío lo que no tiene que estar frío es otra cosa, Mariluz. La cabeza no me preocupa.

—Qué burra eres —le respondió la aludida.

—¿Y cuándo va a ser esa quedada? —tercié yo, antes de que se enzarzaran en una discusión.

—En breve. Ahora está en el País Vasco por trabajo. En cuanto vuelva —sentenció ella.

—Espero que merezca la pena, Di —añadí yo, deseándole lo mejor con la mirada, que ella me agradeció con su preciosa sonrisa—. Bueno, ahora yo tengo que contaros algo.

—Ay, qué miedo me das, Salomé —Mariluz bebió un sorbo de su gintonic.

—Esta semana he conocido al hermano de Eme.

—¡¿Qué?! —las dos se inclinaron adelante sobre sus sillas—. No puedo creerlo, ¿os lo habéis encontrado en algún sitio? —sugirió Mariluz.

Se me llenó la boca al responderle:

—No, Eme se lo contó a su hermano y él quiso conocerme. Comimos juntos los tres.

Mariluz se llevó las manos a la boca. Diana levantó su copa:

—Toma ya. Esto pinta bien, amiga. Ya verás, te van a salir bien las cosas, porque te lo mereces.

Miré a Mariluz. Tenía muchas esperanzas puestas en su opinión y no me defraudó:

—Ay, Salomé, nunca lo hubiera imaginado. Al final, voy a tener que querer al señor Eme.

Me eché a reír y le di un abrazo. A Mariluz se le saltaron las lágrimas. Las buenas amigas, las de verdad, se alegran de la felicidad de las otras, aunque ello suponga aceptar que estaban equivocadas.

—Bueno, bueno, no te pongas así, mujer, que tampoco es para tanto. Sólo me ha presentado a su hermano.

Ella sabía que eso significaba mucho más y sólo me dijo:

—Me alegro mucho por ti.

Para mí, esas cinco palabras eran más que suficiente. Dimos por concluida la reunión, porque Emi nos lanzaba miradas asesinas desde el otro extremo del bar, donde intentaba dormir un ratito a Cristina. Me acerqué a ellas y la niña me echó los brazos.

—Ven aquí con tita Salo, bella —enseguida, la niña se agarró a mi colgante de Bimba y Lola y se tranquilizó —. No te enfades, Emi, te lo contaré todo con pelos y señales.

—Siempre me lo pierdo todo, hija, qué injusticia, ni un ratito tengo para hablar con mis amigas. Y mira Paco —señaló al marido, que conversaba en voz alta junto a otros padres en la barra—. He perdido la cuenta de los cubatas que lleva. Seguro que me toca conducir a mí, ya es que ni siquiera me pregunta si me quiero tomar yo una copa. Lo da por hecho.  Ay, qué quemada estoy, Salomé.

Me acerqué a ella y le di un beso. La pequeña Cris se había dormido entre mis brazos y la soltamos en el carrito. Mientras su madre le echaba una toquilla por encima, tuve la impresión de que mi amiga sería la siguiente en separarse.

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