Capítulo 5

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Z odia su teléfono móvil, tanto que lo olvida o siente ganas de perderlo y no recuperarlo jamás. Por ese motivo nunca le llamo, también porque me aterroriza la posibilidad de saberme ignorada. Hoy he regresado, yo siempre regreso. Él estaba sentado, las piernas ligeramente abiertas, el pelo revuelto, olía a café desde la cocina. Nunca sé a qué hora aparecerá un paciente o si estará en consulta, normalmente llamo al timbre pero hoy decidí usar mis llaves. Podría haberme deshecho de ellas hace mucho tiempo, pero ése es un escenario que me resulta imposible de contemplar. Perder las llaves, sería como extraviar el hilo y entonces no podría acceder al laberinto que ocupa Z. Algún día me pedirá que desaparezca, porque todo ocurre y además lo hace por alguna razón, pero es pronto para morir, creo. He dejado sobre la mesa dos croissants recién horneados y he servido café, negro para mí, con una nube de leche sin lactosa para él. Z es de salud frágil y de espíritu contundente, también es un gran conversador. He estado tentada de hablarle sobre la musa y también de preguntarle sobre la rubia, al final he optado por comer y criticar a la número uno de la lista en la candidatura a las elecciones generales, es demasiado pelirroja, no me gustan las pelirrojas. Z se ha reído muchísimo y me ha llamado frívola, siempre consigue que me sienta bien cuando me insulta porque él, mejor que nadie, sabe hallar la belleza en cada una de mis imperfecciones. Nos hemos besado largamente, así con ternura, como hacen los amantes jóvenes dentro de los coches cuando la noche se les hace minúscula. Z es como un sedante, una droga sutil y preciosa que me empodera para el resto de los días que me quedan hasta el siguiente acantilado. Me aterra pensar que algún día dejará de estar ahí y que yo caeré. La insidiosa llamada del joven político insensible ha provocado que tuviera que marcharme antes de lo que hubiera deseado, y los besos han quedado aparcados, pero yo me he marchado con el sabor a miel y jenjibre de los labios de Z. El día me ha sabido dulce, aunque haya descubierto que el marco, la foto y los dos jóvenes que se amaban en un bar de la Alameda, había desaparecido.

1 Comentarios

  1. Lolita says:

    👏👏👏👏

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