Amor con cuentagotas -VI-

Posted on

Las desigualdades entre hombres y mujeres siguen estando demasiado presentes en nuestra sociedad, y el amor, me temo, no es materia de excepción. Nosotras, supongo que sin darnos cuenta, adoptamos patrones de conducta propios de nuestro sexo, contribuyendo inconscientemente a que las diferencias se sigan perpetuando. ¿Por qué si no esperamos a que sean ellos los que den el primer paso? ¿Preferimos observar desde la retaguardia cómo se va desarrollando la batalla para responder a los movimientos del enemigo con la precisión idónea? ¿Es toda relación, al comienzo,  una partida de ajedrez donde las blancas siempre son ellos?

Reflexionaba sobre todo esto después de mi primera semana de contactos con Eme. Desde que apareció en el hotel, me despertaba con un Buenos días, princesa en mi móvil, en una suerte de rutina tácita y adictiva a partir de la que inaugurar cada nuevo día.  No tardamos en comenzar a intercambiarnos fotos de nuestras costumbres: la primera parada para el café en el trabajo, noticias de interés que compartíamos o algún plato bien presentado a la hora de almorzar. En definitiva, un “te pienso” camuflado de cordialidad. Ocasionalmente, me había llamado al teléfono para contarme trivialidades, y siempre habíamos logrado mantener la conversación dentro de los límites de lo aceptable para una amistad como la nuestra: frágil como un recién nacido.

Esa tarde se me había complicado el trabajo en el despacho y no llegaba a tiempo para recoger a mis hijos de las extraescolares. Como siempre, recurrí al salvavidas de mis amigas. Un rápido S.O.S. en el grupo de whatsapp y antes de parpadear ya se habían organizado para recogerlos y atenderlos hasta mi regreso. Aquella vez le había tocado a Emi, así que cuando llegué a su casa, casi anocheciendo, me ofreció una cerveza que agradecí y nos sentamos en su cocina, mientras mis hijos y el mayor de ella apuraban los cinco minutos de prórroga que les habíamos concedido a sus juegos. Me deshice de los tacones y aproveché para coger en mis brazos a la pequeña bebé y cubrirla de achuchones, como haría cualquier buena tía postiza.  Sin tener que preocuparnos por los oídos indiscretos de su marido, que andaba atareado preparando material para un trabajo que comenzaría al día siguiente,  Emi quiso saber cómo avanzaba mi relación con el señor Eme, y yo me prodigué en detalles con esta amiga con la que podía expresar libremente mi locura quinceañera. Le mostré algunos de nuestros chats y enseguida me derramó una observación helada:

—Tú empiezas las conversaciones más veces que él.

La miré sorprendida y deslicé mi dedo hacia arriba por la pantalla, hasta llegar al inicio, prestando atención a esa particularidad en la que no había reparado. A mí me parecía que estábamos bastante empatados y así se lo hice notar.

—Bueno, dejémoslo en 55%-45%. Pero tus respuestas son más largas y él responde muy escuetamente.

—Joder, Emi, no pienso en todas esas cosas. Me encuentro con libertad para escribirle cuando quiero, sin tener en cuenta quién empieza la conversación ni cuántas palabras utilizo de media.

—Pues intenta que sea él el que te busque, no se lo pongas tan fácil.

Puse cara de ofendida y le reproché un poco de machismo en su observación.

—Yo sólo digo que intentes no entregarte más que él. Que se moje un poco más. No lleves la delantera siempre tú.

Me fui a casa con ese runrún en la cabeza, después de devolver a mi muñequita de siete meses a los brazos de su madre y de dirigirle a ella una mirada de “No me simpatizas” que fue recibida con una carcajada y un “Tengo razón, y lo sabes”, que me devolvió el buen humor. Tras los baños y la cena, con los peques contando ovejitas en su habitación, volví  a pensar en el asunto. Quizás fuera una buena forma de medir su interés, después de todo. Ciertamente, yo compartía la opinión de que lo más inaccesible es siempre lo más apetecible, así que me dispuse a controlar mis dedos junto con la tentación de escribirle a cada instante. ¿Qué esperaba realmente averiguar con esta táctica? ¿Era un despropósito absoluto?

 

10 Comentarios

  1. Rebeca says:

    Como siempre Raquel…me dejas con ganas de seguir leyendo….😊😊😊

    1. Raquel Tello says:

      Ojalá pudiera dedicarme sólo a escribir para contentaros! Gracias por seguir fieles. Besitos

  2. Lolita says:

    Genial. Pero quiero más ….

    1. Raquel Tello says:

      Tomo nota. Haré lo que pueda. Besito

  3. Juani says:

    Me encanta, sabes k me dejas con ganas de más

    1. Raquel Tello says:

      De eso se trata, que queráis saber más de esta historia. Os prometo que is enganchará

  4. Susana says:

    Me encanta leer lo que escribes!!
    Deseando que llegue la semana q viene 😗

    1. Raquel Tello says:

      La semana que viene os dejaré muuuy nerviosas. Hay que ir tomando decisiones más fuertes. Ya veréis.

  5. Eva says:

    Me encanta el poder de la palabra…dices algo y pone en duda toda tu confianza…

    1. Raquel Tello says:

      Efectivamente, necesitamos refuerzo de continuo. Feedback, que se llama. Para eso están las amigas!

Deja un comentario

Tu dirección de email no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.